En la últimas décadas se ha producidos un clima favorable a la descentralización, especialmente en lo que se refiere a la autonomía del nivel municipal para las organización y gestión de los servicios locales.
Como resultado de ello, en muchos países de la región, se han introducido reformas descentralizadoras orientadas al fortalecimiento de los gobiernos municipales. Sin embargo, el centralismo mantiene una gran fuerza en muchos países, por lo que sigue existiendo una centralización de facto.
Prácticamente en todas las constituciones políticas de la región se reconoce la garantía institucional de la autonomía de los municipios. En la práctica, sin embargo, las relaciones entre gobiernos locales y centrales están caracterizadas más por la subordinación que por la igualdad, cooperación y coordinación entre administraciones y organizaciones territoriales del Estado.
Los procesos de descentralización son aún incipientes y los municipio está lejos de constituir un actor relevante en la gestión de desarrollo local. En muchos casos, siguen ligados a las tareas tradicionales de administración y fiscalización territorial y prestación de algunos servicios locales. Los municipios latinoamericanos son instituciones generalmente débiles, de poco poder económico, político, ideológico y de negociación, limitados en su autonomía, autoridad, legitimidad y capacidad de gestión.
En general, se puede decir que predominan en la región los municipios con el poder ejecutivos fuerte y legislativo débil, lo que contribuye a que la gobernabilidad municipal sea frágil. Como resultado, la administración municipal tiende a estar altamente personalizada en la figura del alcalde. Este estilo de administración provoca varios problemas, destacándose entre ellos, la falta de administración “empresarial” y problemas de discontinuidad administrativa.
El número de concejales en proporción al número de residentes habitantes es extremadamente reducido en los municipios de la región en comparación con los estándares internacionales. La consecuencia de ellos es que los mecanismos de representación democrática tiende, sobre todo en grandes municipios, a ser estructuras centralizadas con poca representación de la ciudadanía y escaso control del electorado sobre el concejal o cargo público elegido.
En general, existe una notable brecha entre las competencias o atribuciones traspasadas a nivel municipal y su capacidad institucional para ejecutarlas.
Frecuentemente el traspaso de competencias se ha hecho sin la transferencia correspondiente de autoridad efectiva, ni el acceso a recursos financieros adecuados. Además, muchas de las competencias de los municipios son compartibles o concurrentes con otras administraciones, y su capacidades y de gestión, dependen de la cooperación con otras instancias públicas.
Un punto crucial es la precariedad de los recursos municipales y su fuerte dependencia de fondos de fiscales transferidos desde otros niveles de gobierno. En esas condiciones de precariedad financiera, sólo los municipios que albergan población de altos ingresos pueden hacer viables sus competencias, lo cual tiende a acentuar las desigualdades entre municipios ricos y pobres. Como la distribución es muy desigual en los países de la región, el proceso de descentralización tiende a acentuar las desilgualdades
A ellos hay agregar que muchos gobiernos locales adolecen de importantes limitaciones en cuanto al manejo eficiente en comparación con las entidades centralizadas.
Hay, en general, una vasta gama de situaciones y condiciones en extremo precarias y deficientes que se esconden detrás del término “municipio” . en la práctica, muchos de los llamados municipios carecen de los elementos necesarios para operar y cada vez se ven más recargados en sus finanzas y capacidades.
En algunos países con masiva población indígena se ha un sistema formal municipal sin tomar en consideración la tradición comunal local, causando procesos de desorganización sociocultural de diversa magnitud. Esto contrasta con las experiencias extrarregionales en donde se tomó la precaución de respetar las tradiciones locales.