Sunday, October 28, 2012

¿Comunidades de Violencia?


Si 20 años han sido necesarios para generar una comunidad de personas alrededor del comercio mayorista de alimentos de consumo diario, y una nueva generación ha nacido, crecido y desarrollado junto a ella, es de esperar que juntas hayan forjado una cultura común que defienden como valedera. La pretensión de  cambios, más aún, sugeridos o impuesto por otras comunidades la considerarán como agresión o injusticia.

Despreciables actos de violencia mostrados en las calles, defendiendo “status quo”  por unos y presionando por un pronto cambio por otros, demuestran el odio que puede florecer en unos instante de ciego razonamiento. Grupos humanos que en principio buscan un fin común: vivir en tranquilidad y ser feliz las veces que mejor se pueda, de pronto advierten que están en posiciones encontradas y el sometimiento de unos por otros es la única solución.

El deseo de ordenar una población por parte de los gestores y autoridades locales, sea de actividades o espacios físicos, pasa por comprender las diferentes situaciones y aspectos vinculantes a sus grupos de interés. Las nuevas formas de planificación incluyen la participación de la comunidad directamente interesada para acercar los planes a la mejor idea de objetivo. Si no se permite dicha participación es bastante probable, como numerosas oportunidades hemos sido testigos,  que los planes de cambios queden truncados  o se desate conflictos sociales.

¿Cuando un bien común es prioridad a un bien especifico? Es la encrucijada que todo líder debe considerar. Hasta ahora son tres los criterios que ayudan a decidir: economía, moral y ética. Cada lector tiene su preferencia y seguramente un sustento argumentativo para explicar su criterio. Vamos a elucidar algunos conceptos.

Conviene destacar previamente que la vida, en la amplitud de su comprensión, se desarrolla bajo las leyes naturales, es decir aparentemente sin mayor orden que los que devienen en funciones y ubicaciones manteniendo un equilibrio designado como ecológico. Equilibrio sin mayor alteración puesto que al no haber un orden establecido tampoco cabe un desorden. Sin embargo, la existencia del hombre que aun siendo parte de esta vida, pero con características distintivas, ocasiona la paradigmática conceptualización de un “debe ser”. Un orden bajo condiciones favorables a su presencia. Esto no sólo significa que la vida tiene que favorecer la existencia del hombre, sino además que, sus congéneres deban vivir favoreciendo esta misma existencia.

De lo anterior, surge la necesidad de establecer formas de convivencia entre hombres que ha diferencia de otras comunidades biológicas hacen uso de su capacidad de pensamiento y razón para establecer concepciones comunitarias según determinados objetivos. Esta propiedad de elaborar formas de convivencia humana son extrañas a la naturaleza y por tanto artificiales, de ahí que la vida natural es una y la vida natura-artificial es otra. Estas últimas, tiene tantos diseños como capacidad para pensar tiene el hombre; por ello son distintas y a su conjunto se les llama cultura.

Como se establecieron las distintas formas societarias es un tema que escapa al presente artículo. Ahora bien, entendemos como bien común aquel beneficio material o abstracto para la mayoría de las personas en un determinado territorio y beneficio específico aquel que favorece a un grupo minoritario. Puede usted tener como primera tentación inclinarse por el bien común pero debemos considerar que las minorías tienen derechos sobre algunos beneficios puntuales que de no permitírselos serían sujetas a formas discriminativas en variadas formas. Es decir se sacrificarían de alguna manera por la mayoría. El equilibrio social incluye por consiguiente una forma combinada de estos bienes. De esto se desprende el concepto de solidaridad que no necesariamente significa desprenderse de algo propio para dar a otro que lo necesita, sino de aceptar que todas las personas tienen derecho por igual a la posibilidad de una vida digna.

Cuando los criterios son principalmente económicos, se pretenderá la mayor cantidad de intercambio entre las personas. Esto es la explotación de recursos para comerciarlos como productos o servicios, para transformar dichos recursos en productos o servicios de mayor valor utilitario, para comercializar de manera masiva, al menudeo o en una suerte de cadenas de intercambio según capacidad de adquisición. En el mejor de los casos se intenta “distribuir beneficios“ a la mayor cantidad posible de personas. Muchas veces surge el acaparamiento de beneficios por parte de un grupo en desmedro de otro.

Cuando el criterio es moral, lo que se pretende es un comportamiento que la mayoría acepta como adecuado. Son las costumbres y prácticas, que aun sin tener carácter de ley, se espera de cada individuo frente a situaciones que pueden afectar al sentir y al bienestar de otros. De ahí que muchas veces lo que se entiende como “principios mínimos de convivencia” pasan por el filtro de las buenas costumbres más o menos aceptadas universalmente como la honestidad, la amabilidad, la limpieza, mesura, entre otros valores. Cierto es que, en algunos grupos sociales, existen normas que podrían ser consideradas como amorales o inmorales por otras comunidades  y es aquí donde se requiere un profundo análisis antropológico antes de considerarlos aberrantes.

El criterio ético es aun más difícil, pues ¿quién se puede irrogar el derecho a decidir lo que está bien de aquello que es malo?. Muchas veces confundimos ética con moral y surgen entonces posiciones que discuten formas de vida con paradigmas diferentes.  Un análisis ético podría considerar como criterio de referencia la búsqueda del mayor bienestar humano posible o del menor sufrimiento del mismo.

Desprendemos entonces que gobernar una localidad implica estas consideraciones al desarrollar planes urbanos, rurales o de cualquier otra índole y que su parcialización por algunos de ellos o ausencia de estas consideraciones,  decantará en desorden.  Una gestión de tamaña responsabilidad requiere de un(a) gestor(a) competente o rodeado de asesores competentes.

Monday, April 30, 2012

Ayacucho y su roce al cielo


Es raro viajar de día Ayacucho-Lima o viceversa. Generalmente  las noches son preferidas por la idea de aprovechar las horas de sueño y utilizar las horas de luz para trabajar. Sucedió que en unos de mis regresos a la capital, la nevada del 26 de Abril, impidió que los buses siguieran su camino rutinario por más de 6 horas. Aquella gélida madrugada, fuera de las molestias por el atraso, el paisaje blanco que observara mis ojos fue sin exagerar una “intensa belleza natural”.

Reiniciado el viaje, a través de la inacabable curvilínea carretera “Ruta de los Libertadores” (antes “ruta de los valientes” por sus malas condiciones anteriores), que abarca territorio ayacuchano y huancavelicano,   las montañas y el rio Huaytará nos acompañan por otras 4 horas hasta el desvío hacia la provincia de Pisco (Ica) donde el rio toma el nombre de su provincia. El tiempo es suficiente para observar interesantes detalles que, de no ser por la oportunidad de la luz, pasan inadvertidos. 

Las capas de sedimentos de la carretera de Ayacucho-Pisco son variadas entre tramo y tramo. Las hay con material rocoso, de material sedimentario y otras de grandes bloques de piedra. Pareciera mentira que estas grandes elevaciones algún día fueron un fondo marino (Paleozoico) y  ascendieron por las energías volcánicas (Terciario) y procesos glaciares (Cuaternario). Los pasajeros que nos trasladamos por estas vías somos espectadores sin lentes históricos para ver los muchos datos e información que trasmiten estas franjas aparentemente inertes, testigos de la vida de Huarpas, Waris, Chankas e Incas.

Las formaciones pétreas, grandes bloques separados y sobrepuestos uno sobre otro como cubos de hielo variformes, evidencian una erosión notable. Entiendo que este aspecto ha quedado luego que años de nieve derretida de glaciares desaparecidos que pulieron estas rocas. Luego un erosión más por viento que por agua, lustró sus lados expuestos y manifiestan una piedra limpia y brillante de cara al sol.

Los trazos cuesta abajo en las montañas, revelan delgados canales de agua que han recorrido desde sus picos  y tributado a los ríos de la cuenca del pacifico, posiblemente algunos millones de años atrás. Hoy sólo repiten este viaje algunas reducidas caídas de agua. Las montañas más sedimentarias son áridas y la vida de tunas y algunas plantas agonizan y otras, aunque “están”, no “existen”. La muerte convive en estas montañas. La vida vegetal no parece mostrar alegría sino más bien penurias. He visto algunos auquénidos saltando por las partes más bajas. No he notado gran fauna, acaso por la temporada o si ésta a emigrado a mejores hábitat. Me llama la atención la áridez notoria en éstas montañas. Ayacucho tiene su topominia en la palabra “muerte”, sea por algunos como “rincón de las almas” y por otros “rincón de los muertos” como fuera,  muerte es la que se ve en su ecología. Curioso que los movimientos sociales de protesta hayan prosperado con violencia justamente en estas zonas. Tal vez habría que pensar en cambiar el nombre de la región. Podría ser que dicho cambio produzca al fin un rumbo hacia la “vida”.

Aprovecho para comentar que la Región de Ayacucho, tiene por capital la provincia de Huamanga, dentro de la cual existe el distrito Ayacucho. Es error común decir: “me voy a Ayacucho” pensando que se viaja a la ciudad de ese nombre. En realidad uno viaja a Huamanga, pero por falta de costumbre o conocimiento se suele asumir esta provincia como sinónimo del distrito. Huamanga es de clima cálido en el día y algo frio de noche, no libre de variaciones entre las horas del día y lluvias sorpresa de duración variable. El no pronosticable clima de la ciudad ha dado origen a la  popular expresión: “Ayacuchana, variable como su clima” refiriéndose al carácter de sus mujeres.

Estimo que los ascensos del manto terrestre debieron producirse en diferentes tiempo y espacios reducidos. Posiblemente las fallas subterráneas de la zona regional son varias y gradientes en su temperatura. Esta inestabilidad es grave, en caso de algún movimiento energético interno sería motivo de llanto y pena para muchas personas.