Monday, April 30, 2012

Ayacucho y su roce al cielo


Es raro viajar de día Ayacucho-Lima o viceversa. Generalmente  las noches son preferidas por la idea de aprovechar las horas de sueño y utilizar las horas de luz para trabajar. Sucedió que en unos de mis regresos a la capital, la nevada del 26 de Abril, impidió que los buses siguieran su camino rutinario por más de 6 horas. Aquella gélida madrugada, fuera de las molestias por el atraso, el paisaje blanco que observara mis ojos fue sin exagerar una “intensa belleza natural”.

Reiniciado el viaje, a través de la inacabable curvilínea carretera “Ruta de los Libertadores” (antes “ruta de los valientes” por sus malas condiciones anteriores), que abarca territorio ayacuchano y huancavelicano,   las montañas y el rio Huaytará nos acompañan por otras 4 horas hasta el desvío hacia la provincia de Pisco (Ica) donde el rio toma el nombre de su provincia. El tiempo es suficiente para observar interesantes detalles que, de no ser por la oportunidad de la luz, pasan inadvertidos. 

Las capas de sedimentos de la carretera de Ayacucho-Pisco son variadas entre tramo y tramo. Las hay con material rocoso, de material sedimentario y otras de grandes bloques de piedra. Pareciera mentira que estas grandes elevaciones algún día fueron un fondo marino (Paleozoico) y  ascendieron por las energías volcánicas (Terciario) y procesos glaciares (Cuaternario). Los pasajeros que nos trasladamos por estas vías somos espectadores sin lentes históricos para ver los muchos datos e información que trasmiten estas franjas aparentemente inertes, testigos de la vida de Huarpas, Waris, Chankas e Incas.

Las formaciones pétreas, grandes bloques separados y sobrepuestos uno sobre otro como cubos de hielo variformes, evidencian una erosión notable. Entiendo que este aspecto ha quedado luego que años de nieve derretida de glaciares desaparecidos que pulieron estas rocas. Luego un erosión más por viento que por agua, lustró sus lados expuestos y manifiestan una piedra limpia y brillante de cara al sol.

Los trazos cuesta abajo en las montañas, revelan delgados canales de agua que han recorrido desde sus picos  y tributado a los ríos de la cuenca del pacifico, posiblemente algunos millones de años atrás. Hoy sólo repiten este viaje algunas reducidas caídas de agua. Las montañas más sedimentarias son áridas y la vida de tunas y algunas plantas agonizan y otras, aunque “están”, no “existen”. La muerte convive en estas montañas. La vida vegetal no parece mostrar alegría sino más bien penurias. He visto algunos auquénidos saltando por las partes más bajas. No he notado gran fauna, acaso por la temporada o si ésta a emigrado a mejores hábitat. Me llama la atención la áridez notoria en éstas montañas. Ayacucho tiene su topominia en la palabra “muerte”, sea por algunos como “rincón de las almas” y por otros “rincón de los muertos” como fuera,  muerte es la que se ve en su ecología. Curioso que los movimientos sociales de protesta hayan prosperado con violencia justamente en estas zonas. Tal vez habría que pensar en cambiar el nombre de la región. Podría ser que dicho cambio produzca al fin un rumbo hacia la “vida”.

Aprovecho para comentar que la Región de Ayacucho, tiene por capital la provincia de Huamanga, dentro de la cual existe el distrito Ayacucho. Es error común decir: “me voy a Ayacucho” pensando que se viaja a la ciudad de ese nombre. En realidad uno viaja a Huamanga, pero por falta de costumbre o conocimiento se suele asumir esta provincia como sinónimo del distrito. Huamanga es de clima cálido en el día y algo frio de noche, no libre de variaciones entre las horas del día y lluvias sorpresa de duración variable. El no pronosticable clima de la ciudad ha dado origen a la  popular expresión: “Ayacuchana, variable como su clima” refiriéndose al carácter de sus mujeres.

Estimo que los ascensos del manto terrestre debieron producirse en diferentes tiempo y espacios reducidos. Posiblemente las fallas subterráneas de la zona regional son varias y gradientes en su temperatura. Esta inestabilidad es grave, en caso de algún movimiento energético interno sería motivo de llanto y pena para muchas personas.