Quise dedicar la mañana del domingo último, a trasladar a mi
hermana a la universidad y desde las 7:30 de la mañana salimos para la Wiener de
la Av. Arequipa con ánimo bien alto, pues
ella tenía que aprobar su examen de titulación. La dejo en la entrada de la universidad, muy
animosa ella y le manifestó mi entusiasta deseo de éxito al reto que tiene que afrontar.
Previamente, había decidido esperar dentro del auto las dos horas que duraría el acontecimiento. Como
toda mujer precavida, llevé mi mp4, El Comercio dominguero, y un catálogo de
Unique (que no había cuando, escoja mis
pedidos). Antes de dedicarme al relax de
la espera, reparé que no había ingerido bocado, por lo cual me dirigí a buscar algún
establecimiento que me provea algo sibarita. La verdad tenía hambre! Pasee por
las calles de Lince sin encontrar nada abierto. Claro, apenas si eran las 8 de
la am, y era probable que la mayoría de ciudadanos estén aun calientitos en sus
respectivas camas.
Como el destino me guía, recale en el grifo “Listo” del
cruce de Canevaro con Salaverry. Debo
haber sido la primera clienta, pues los jóvenes que atienden, aún estaban organizándose.
Me pido, muy amablemente y siempre con alegría dominguera, el clásico cappuccino
y un sand de Ciabatta integral con jamon y champiñones. ¡SI! Prometía el
desayuno! Pago contenta los 17 soles que
me piden y ya se me hace agua la boca por probar ese Ciabatta.
El grifo dispone de una zona de cafetería con DirectTV
incluido. Escojo mi mesita y me siento tranquilita a disfrutar mi manjar y ver
Discovery Chanel, canal que me agrada y que para suerte mía estaba justito seleccionado
antes de mi llegada (“ta linda la mañana” me dije).
Habrá pasado menos de 10 minutos, cuando me sorprende un
parpadeo de la pantalla, medio entre descontrolado y apurado. Alguien estaba
haciendo zapping detrás de mí. En un principio no le di importancia al asunto,
pero como que no paraba el dichoso zapeo, giré mi cara para identificar al travieso/a. Era un travieso. El tipo al darse cuenta mi
fastidio, dejo el control en la mesa haciendo un gesto de “ya no lo hago más”.
Un minuto más y se me acerca una de las chicas que atienden
y me dice:
-señora, voy a cambiar el canal porque el señor que está
tomando su cappuccino quiere ver deportes.
A lo que le respondo:
-yo no quiero ver deportes.
Note cierta confusión en el semblante de mi interlocutora.
No hubo más palabras, ella se fue y pude seguir con mi trance desayuno-TV. Yo juraría que la chica era peruana, en todo
caso latina, pero debo hacer hecho una conjetura errada o hablo mal el español, pues de pronto ya no veía
expediciones en la TV. Habían desaparecido para en su lugar aparecer carritos
formula 1 que daban vueltas alrededor de algo, que seguramente, sería una pista
de carreras.
Yo hubiese, simplemente terminado lo poquito que quedaba de
mi Ciabatta y mi café, pero mi interior rebelde me lo impedía. Llame a la
señorita y cuando estuvo frente a mi le pregunté ¿por qué había hecho eso, si
yo le dije claramente que no aceptaba que se cambie el canal?.
Me volvió a decir que el señor quería ver su canal de
deportes. Se trataba de un hombre unos
30 años, guapo y de acento español, si era peruano se trataba entonces de un “alienado”,
pero por su hablar era extranjero. Balbuceo algo asi:
-Esa señora quiere hacer problema. Ya déjale su canal
Ignoré el comentario y dedique unos momentos a sensibilizar
a nuestra muchacha sobre valores cívicos, de género y de nacionalismo. En tan
breve lapso y a juzgar por su expresión, mi didáctica cívica y ética no parecía
dar frutos.
Volvió a hablar el guapo, pero esta vez dirigiéndose a mí:
-Señora, usted le gusta hacer problemas, se ha levantado con
mal humor
Si hasta entonces, no me había dirigido a su persona de manera
directa, esta vez sí le espeté:
-Yo te he dicho algo?, te he hablado o gritado algo en algún
momento?
Me levanto de mi mesa para dirigirme a la suya y le reto.
-Quieres hablar conmigo?
El pobre hombre que también se levantó, sólo atino a mirar a
todos lados, seguramente con la esperanza que alguien le socorra. No salió más palabras de su boca, solo gestos
nerviosos de sus manos, comunicando que no quería hablar conmigo. De pronto,
desapareció.
Volví a mi mesa a terminar mi desayuno, pensando que la
actitud de aquella jovencita obedece a una herencia cultural de la conquista y que
no se acabó con la independencia. El servilismo viene mucho antes de la colonia
y no terminamos de curar esta enfermedad de sometimiento a la voluntad, de lo
que, para algunos son de “sangre azul”.
Como los principios psicológicos individuales, en la sociedad rige lo mismo:
si no nos respetemos a nosotros mismos, peor lo harán los otros.
Salgo del grifo asumiendo que lo sucedido es cosa anecdótica.
Enfilo por la Salaverry y entro por 28 de julio para volver a la universidad. Semáforo
rojo en el cruce de 28 y Aarequipa. Zas! Que me cierra un Peugeot de un color
caramelo lindo, con lunas polarizadas negras como el alma del conductor.
Desarrollo mis alertas para los cuatro polos. Carros a mi
costado y detrás de mi se van agolpando, con mi mano derecha tengo bien cogido
el mango de mi bate (que llevo debajo del asiento por seguridad en esta Lima agresiva),
pero no veo nadie bajar de los autos a mi costado y menos del que me tiene
cerrado el paso.
Semaforo verde. Y el Peugeot lindo no avanza, ni se baja su
conductor. Creo que se trata del hombrecito valiente del café que me trata de
intimidar con su carro de lujo. Los otros carros comienzan a lanzar sus
bocinazos, y en unos segundos el Peugot avanza veloz. “Esto no se puede quedar
así” me dije y como la pela “rapidos y furiosos”, le di la perseguida.
Voy detrás, pegadita a su placa, haciéndole correr por la Arenales,
entra por la Republica de Chile, dobla por la Bermudez y se encuentra con calle
cerrada a la altura del Ministerio de Salud, momento en el cual me coloco
paralela por su izquierda y le miró sin ver, a través de sus polarizados. No lo
veo, pero sé que sufre de miedo. Arranca por detrás del ministerio y sale por
Cuba, siempre sintiendo en su nuca mi presencia, cruza la Salaverry y va por el
ovalo de Pachacutec para seguir por la continuación de la Cuba. Yo sonrío y rodeo el ovalo dejándolo ir. Ya respira
más tranquilo seguro.
Últimamente son varios los hechos parecidos a este. Un
extranjero es maltratado verbal o físicamente, con el peligro de afectar a
terceros, por situaciones reinvindicativas. Eso no está bien. Yo misma hago un
mea culpa. La violencia no conduce nunca a nada bueno. Pero por Dios, que con
palabras no parecen entender algunos.
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